Ayoreo
El Pueblo Ayoreo
El pueblo Ayoreo es conocido por la literatura científica como una nación de origen amazónico, que desde tiempos inmemoriales está poblando el Chaco boreal, tanto del lado boliviano como paraguayo. Después de un lapso de contactos con las misiones jesuíticas, esta etnia, alrededor de 1750 había decidido cerrar sus territorios a la intrusión del hombre blanco, actitud guerrera que fue mantenida activa por los siguientes 200 años. En el proceso se habían subdividido en una serie de grupos territoriales, de los cuales en el Paraguay los más representativos son los Guidaigosode, los Garaigosode y los Totobiegosode.
Todos los grupos territoriales, tanto de Bolivia como de Paraguay, hasta hoy se sienten unidos como un solo pueblo. Esta unidad es alimentada tanto por la memoria colectiva del grupo, como también por los nuevos desafíos de sobrevivencia que todos están enfrentando. El idioma común, sin lugar a duda, constituye el lazo más fuerte de unidad y de pertenencia común. Mediante visitas entre grupos, el intercambio de audio casetes, los mensajes por radio emisoras y el mantenimiento de una red de radio transmisoras en la mayoría de las comunidades, se construye activamente la identidad étnica.
Los Ayoreo de las diferentes comunidades también se sienten unidos por una serie de valores transmitidos por la memoria colectiva. Se sienten como un pueblo que representa la audacia, la astucia y el coraje; sus miembros asumen iniciativa en actividades económicas, prueban su valentía como obreros, son agresivos en la defensa de sus derechos. Siguen manejando sus economías en base de familias nucleares, y su vida social se orienta hacia el grupo de parientes, al cual pertenecen también, en relaciones transversales por todas las comunidades, los parientes clánicos. El valor de la generosidad abarca a todos estos parientes, manteniéndose así un elaborado sistema de reciprocidad en la subsistencia diaria, sin embargo excluyendo el dinero de las transacciones de solidaridad.
La organización social tradicional de los Ayoreo se ajustaba a las condiciones de subsistencia. Durante la época seca del año, solían vivir en familias extensas, constituidas por varias familias nucleares. Eran bastante móvil, cubriendo para sus recorridas extensas zonas. Para el verano, las diferentes familias volvieron a encontrarse en la aldea donde solían sembrar sus chacras. Una serie de aldeas formaban alianzas para constituir el grupo territorial, y estos, a su vez, todos se identifican con la nación Ayoreo.
Cabe resaltar, que fuera de la organización geográfica, para toda la nación Ayoreo también rige un sistema de “parentesco espiritual”, los clanes o cucherái. Tienen su origen en tiempos mitológicos, siendo dueños de diferentes cualidades y virtudes, y se les han asignado la propiedad de animales, plantas y cosas específicos.
Hoy en día se sigue reconociendo este parentesco en el sentido de mostrar solidaridad y prohibir los casamientos dentro del mismo clan. Además se está usando estos nombres como apellidos. Los siete clanes, que existen transversalmente en todos los grupos, son: Etacóre (Etacóro, para indicar femenino), Picanerái (Picaneré), Chiquenói (Chiquenore), Dosapéi (Dosapé), Cutamurajái (Cuchaméjnoró), Jnurumini (Jnuruminé), Posorajái (Posijnoró).
Parte de la memoria colectiva también forman los sistemas de explicación que tienen su origen en los tiempos de los antepasados mitológicos. Estos Jnanibajade, por procesos de transformaciones múltiples, habían creado a los seres de la naturaleza y a los Ayoreo, y habían dejado las reglas de cómo tenían que relacionarse los unos con los otros. Así, por ejemplo, el Jnanibajai Jnumí se transformó en la tierra e invitó a los demás para caminar sobre él. Otro Jnanibajai, Guede, se transformó en el sol, etc. En cada caso, la tradición literaria incluye con estos mitos de origen también las prohibiciones y las medidas curativas en caso de enfermedad que proviniere del caso.
Quiere decir, que las plantas, animales y cosas reciben su sentido, su conexión con la cultura humana, a través de un mito que ofrece los conocimientos sobre los mismos. En tiempos anteriores, esto incluía conocer todos los tabúes para mantenerse en equilibrio con su entorno natural y espiritual. Tales prohibiciones, puyak, prescribían el manejo adecuado de objetos, comidas, relaciones sociales, etc. Por ejemplo, a los jóvenes era puyak fumar la pipa, caso contrario se enfermarían. A una mujer era puyak comer huevos de tortuga, porque esto le causaría complicaciones en el parto. Comer carne con grasa por la noche era puyak, porque causaría un sueño amenazante, que posteriormente se convertiría en realidad. El agricultor no debería afilar sus herramientas en la chacra, porque esto atrae plagas.
Estos conocimientos, más los que en tiempos posteriores se agregaron por la experiencia colectiva, habían permitido a los Ayoreo sobrevivir con éxito en el Chaco. La conciencia de estas reglas y conocimientos sigue viva en las mentes del pueblo Ayoreo hasta hoy, y también en estos tiempos siguen reformando sus sistemas de explicación a la luz de nuevas experiencias y nuevos conocimientos adquiridos.
Los diferentes grupos Ayoreo también están plenamente concientes, que según experiencias colectivas recientes, ellos se encuentran en etapas diferentes del proceso de transformación y rediseño de sus sistemas de explicación. En este ámbito se cuidan de que esto no interfiera con sus sentimientos de pertenencia al “nosotros” colectivo. También están unidos en la convicción de que la subsistencia económica tiene que ser asegurada como base del nuevo rediseño de estrategias culturales que integrarán la así construida nueva identidad colectiva.
En este proceso aspiran un mayor reconocimiento intercultural de la sociedad neo-americana y de las instituciones gubernamentales y no-gubernamentales, y un apoyo en proyectos económicos y sociales. También están abiertos para nuevos conocimientos y destrezas que faciliten el acceso a esta cooperación. Por algún tiempo estaban experimentando con la participación política partidaria como una vía de acceso, pero se dieron cuenta que no es compatible con su proyecto cultural. Fácilmente crea divisiones internas en las comunidades. Además, el modelo de liderazgo Ayoreo es más de mediador entre su grupo y los “otros”, y no se presta para ser reinterpretado como uno que actúa en “representación” del grupo. También el tema de la búsqueda de consenso por medio de las asambleas comunitarias sigue siendo un desafío para quienes, tradicionalmente, hacían sus decisiones en consulta con los actores importantes del grupo, incluyendo mujeres y hombres de referencia personal.
Sin embargo, las aspiraciones hacia una unidad de todo el pueblo Ayoreo, siguen animando a seguir ensayando los nuevos métodos de “democracia representativa”, hecho que salta a la vista cuando se estudia los estatutos de la “Unión de Nativos Ayoreo del Paraguay”, UNAP, la cual será manejada como una organización que se basa en las gestiones de los representantes comunitarios. El “proyecto de vida”, representado en el estatuto, sin embargo apunta en la misma dirección de transformación de valores tradicionales a la luz de las nuevas exigencias del nuevo entorno. Así, por ejemplo, se pretende consolidar los territorios del pueblo Ayoreo; se exige ser tomado en cuenta por el Gobierno; y se aspira buscar a generar el desarrollo económico, mejorar los servicios de salud y de capacitación, y promover la creación de fuentes de trabajo.
“Nunca antes escuché la palabra “resiliencia” y no sabía su significado”, expresó un estudiante del INFORTES Filial Yalve Sanga en la ronda de evaluación del Taller Realidad Nacional con el tema “Resiliencia como factor fundamental para la salud mental y en situaciones de crisis”.
Otros estudiantes agregaron a la expresión anterior, que la resiliencia es el secreto para sobresalir en la vida y que con la resiliencia se aprende también que cada cultura reacciona de forma diferente ante una situación similar. La resiliencia es un factor muy importante para poder trabajar y sobrellevar sanamente las diferentes situaciones que se presentan en la práctica. Subrayaron que la salud mental en la enfermería es importante, debido a que en esta profesión se tiene sobrecarga emocional y está en juego la salud mental. Refirieron que el estrés es muy común entre los profesionales de salud, pero que es muy bueno saber que con la resiliencia se puede obtener resultados positivos.
El Taller Realidad Nacional 2024 se desarrolló en fecha 27 de agosto de 2024 en el Centro Yalve Sanga con 38 estudiantes del segundo y tercer curso de la Facultad de Enfermería de Filadelfia y del INFORTES Filial Yalve Sanga, ambas instituciones educativas dependientes de la Universidad Evangélica del Paraguay.
Parte del programa del taller fue una presentación de la ASCIM y un recorrido por las instalaciones de ésta, una disertación del Mgr. Adolf Penner y de la Mgr. Juana Aranda de Enns sobre el tema “resiliencia como factor fundamental para la salud mental y en situaciones de crisis (complicaciones con el embarazo)”, y una visita a la comunidad Campo Alegre.
Los estudiantes rescataron que, con la cooperación entre la ASCIM y las comunidades indígenas, se puede dar una mayor atención en cuanto a la salud, recalcando la buena organización y distribución de actividades para que cada colaborador trabaje en equipo. Según ellos, la atención integral ayuda a prevenir muchas complicaciones, estando los colaboradores de la ASCIM lo suficiente capacitados como para enfrentar las situaciones que se presentan. En ese sentido, expresaron que “tenemos que saber lo teórico, saber poner en práctica y saber ser, para brindar el máximo servicio de nosotros mismos”.
En cuanto al panorama intercultural que pudieron observar en el trabajo en la ASCIM, aprendieron a conocer y aprovechar la diversidad cultural; no ser una sociedad multicultural, sino ser intercultural y, en la interculturalidad, saber socializarse con los demás. Destacaron el mismo trato para todos y a no juzgar a las otras culturas por ser diferentes, dando apoyo sin importar la situación de la persona.
Sobre la temática de las complicaciones con el embarazo, los estudiantes expresaron su preocupación sobre la cantidad de muertes maternas en el Paraguay; “cada madre que no sobrevive el parto es un niño que queda huérfano con un futuro inseguro”. Manifestaron, asimismo, que en el Sanatorio ASCIM les llamó la atención de forma positiva el alojamiento conjunto de la madre con su bebé recién nacido, no contando con una pieza para los bebés.
Cerrando el taller, los participantes de éste reconocieron que “no nos podemos quedar con los conocimientos antiguos, debemos actualizarnos constantemente”.
Enlhet
Los Pueblos Enlhet y Enenlhet
Según datos arqueológicos, los pueblos Enlhet y Enenlhet, también llamado pueblos Maskoy, habían llegado al Chaco Paraguayo desde una zona sub-andina del noroeste. Siguieron su marcha en dirección hacia el sureste, poblando paulatinamente grandes extensiones del Chaco Central y Bajo. Durante este proceso de migración y poblamiento se diferenciaron por lo menos seis subgrupos, cada uno ocupando eventualmente su propio hábitat. Ellos son los Sanapaná, Toba-Maskoy, Angaité, Guaná, los Lengua-Norte y Lengua-Sur.
Su historia reciente nos cuentan sus propias tradiciones orales. Adaptados económicamente al medio ambiente del Chaco Central y Bajo, ellos mantuvieron buenas relaciones comerciales entre sí y con sus vecinos Nivaclé y Maká. Sus enemigos principales eran los Chamacoco, Ayoreo y Toba-Guaicurú. Cuentan del tiempo de las grandes migraciones de los grupos Guaicurú, quienes presionaron fuertemente sobre sus territorios en el Bajo Chaco. Recuerdan que esto produjo entre ellos y contra ellos una prolongada “Guerra Mundial Indígena”.
Cuando en el siglo 18 tanto los Payaguá como también los Mbayá poco a poco abandonaron el litoral del río Paraguay, los Grupos Maskoy extendieron su dominio hasta el río. Con esto comenzaron sus contactos con el hombre blanco. Esto les significaba una oportunidad de adquirir más artículos de hierro y animales domésticos pero también marcó el comienzo de una larga historia de sufrimientos por las enfermedades propias del hombre blanco, como gripe, sarampión, viruela, tuberculosis, etc.
A fines del siglo 19 una serie de compañías extranjeras compraron enormes extensiones de tierras chaqueñas. Con esto, los indígenas que allí vivían, prácticamente fueron expropiados sin darse cuenta. De lo que sí se dieron cuenta fue de las fundaciones de un número de puertos sobre el río, donde pronto fueron erigidas fábricas tanineras. Para los indígenas, los puertos tanineros llegaron a ser un polo de atracción donde podían vender su mano de obra para satisfacer alguna necesidad inmediata de conseguir artículos de la civilización blanca.
Al comenzar el siglo XXI, los pueblos Enlhet y Enenlhet, en su mayoría han logrado asegurar algunas tierras tituladas a sus comunidades. Aunque son superficies mínimas, comparado con lo que una vez contaban como lo suyo, varias comunidades del Chaco Central han optado por una economía sedentaria, cultivando sus tierras, criando ganado y explotando el mercado laboral de la zona. Otras comunidades se han asentadas en zonas urbanas, o como barrios obreros de las estancias, con una economía dependiente del trabajo asalariado.
Los pueblos Enlhet-Enenlhet están en proceso de construir sus nuevas identidades étnicas alrededor de proyectos de vida que incluyen la recuperación de parte de sus tierras ancestrales, de desarrollar una nueva base de subsistencia por medio de la agricultura y ganadería, de establecer un modo más satisfactorio de relacionamiento con la sociedad envolvente y con los gobiernos nacional y locales. En este sentido anhelan la participación política, como instrumento de reclamar el reconocimiento de sus agendas étnicas. En todos los grupos, la defensa del idioma propio, o su recuperación, también forman parte de su proceso de construcción de identidad social.
Parte integral de estos nuevos proyectos de vida forma la organización familiar, basada en la solidaridad económica dentro del grupo de parientes. Otros valores de la cultura propia, perpetuados en la nueva vivencia tienen que ver con la defensa de la armonía social, la priorización de las relaciones sociales sobre ventajas económicas, la organización comunitaria en base del principio de igualdad, el rechazo de la coerción como medio de control social, la idealización del carácter amable, generoso y de discurso suave. Nuevos valores, que son integrados a la construcción reciente de identidad social, fueron asimilados de la nueva fe cristiana, presente en la mayoría de los grupos.
En un Seminario en el año 2003, entre 65 líderes de las diferentes comunidades del Chaco Central, se estaba reflexionando sobre el tema de los sentimientos comunitarios con relación a la seguridad económica. Se destacó que hay una serie de factores que contribuyen a que los miembros de las comunidades se sientan seguros en su vivencia diaria. Uno tiene que ver con la tierra titulada, que hace que la gente viva con tranquilidad en un espacio reconocido como legalmente suyo. Otros factores mencionados fueron: la existencia de recursos naturales en la comunidad; huertas de buen tamaño; un almacén comunitario de fácil acceso.
También mencionaron como motivos de seguridad la armonía comunitaria, fomentada por una vida espiritual activa de la mayoría de la gente. Por último, también reconocieron ciertos servicios comunitarios, como la ayuda mutual hospitalaria y el programa de crédito de siembra, como factores que fomentan el sentimiento de seguridad y tranquilidad para una vida comunitaria.
Sin embargo, el factor central para una vida en armonía, según las conclusiones del Seminario citado, constituye el complejo de costumbres culturales relacionadas a la solidaridad. ¿Cómo se manifiesta esto? En primer lugar, entre parientes existe una responsabilidad absoluta para ayudarse mutuamente. Cuando hay necesidad, se puede pedir comidas, ayuda en servicios, apoyo para la defensa de las personas. Si hay afortunados que tienen un empleo fijo, o una buena cosecha, estos demuestran sus amabilidad para con los demás.
La costumbre de compartir, según el Seminario, es vista como una virtud muy fundamental. Se lo identifica como una verdad bíblica. También se lo proyecta como un valor que nunca debe terminar; se debe enseñarlo a la juventud para que no se olviden de este compromiso. Es cierto, también el ahorro es visto como algo necesario. Así se destacó la necesidad de contar con buenas reservas de batatas, de almacenar porotos y de investir en ganado vacuno. Sin embargo, una persona amable nunca va ahorrar, mientras que a su lado otro sufre necesidad, se subrayó.
El sistema económico aspirado, entonces, es de producción diversificada. Incluye huertas, chacras con cultivos de renta, ganadería en base colectiva, avicultura, apicultura, recolección en el monte, changas en las colonias agrícolas vecinas y empleos fijos, o en la comunidad, o afuera. No se espera que cada productor participe en todas estas ramas económicas, sino se supone una participación según intereses y dones específicos de cada miembro del grupo. Los ingresos así juntados sirven, en forma solidaria, al total del grupo extendido de parientes.
Familia lingüística Enlhet - Enenlhet (Maskoy)
| Grupo según dialecto | Comunidades (selectas) |
| Enlhet Norte | Yalve Sanga, Campo Largo, Pozo Amarillo, Paz del Chaco, Monte Palmeras |
| Enlhet Sur | Armonía, La Esperanza, El Estribo, La Herencia, Maklhawaya |
| Toba | Pozo Amarillo, Casanillo, Laguna Porá |
| Sanapaná | La Esperanza, Anaconda, Nueva Promesa, Diez Leguas, Karanda'y Puku |
| Angaité | Diez Leguas, Kora'í, La Patria, San Carlos |
| Guaná | Machete Vaina, Riacho Mosquito, Apa Costa |
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FRICC
Federación Regional Indígena del Chaco Central, FRICC
La Federación Regional Indígena del Chaco Central (FRICC) es una organización regional de indígenas de comunidades agropecuarias del Chaco Central. Esta federación fue fundada en el año 1975 con el nombre “Junta Directiva”. En la fundación de la FRICC participaron once comunidades, representadas con dos líderes cada una.
La federación de comunidades indígenas autónomas que hayan obtenido sus personerías jurídicas según la Ley 904/89, con la abreviación “FRICC”, fue registrada en el año 1999 con la denominación “Federación Regional Indígena del Chaco Central”.
Desde este momento, la FRICC tuvo un estatuto formal y es una federación autónoma con domicilio legal en Yalve Sanga, Departamento Boquerón, Chaco, Paraguay, con una duración indefinida.
Hoy en día, la FRICC aglutina a 11 comunidades indígenas del pueblo Enxet, Enlhet Norte, Nivacle y Sanapaná. Todas las comunidades tienen tierra propia, todas ellas legalizadas. Trabajan como pequeños productores agrícolas. En su organización se reúnen cada segundo mes en forma ordinaria para ver las dificultades dentro de ella y en las comunidades.
El Dpto. Intercultural-Social-Espiritual (DISE) acompaña las reuniones y seminarios de la FRICC. En las reuniones los miembros intercambian experiencias, informan sobre el desarrollo de sus comunidades y hablan de temas relevantes e importantes para ellos.
La FRICC tiene por objeto el continuo diálogo e intercambio entre sus comunidades asociadas, la defensa de sus intereses comunes y la fomentación de un proceso de mejoramiento del nivel de las poblaciones que representa.
La federación tiene un directorio compuesto por cinco personas: un presidente, un secretario, un tesorero y dos vocales. Estas personas son nombradas por la asamblea y duran tres años en sus cargos. El presidente y el secretario tienen la representación y firma social de la federación. El directorio tiene como tarea principal:
- La preparación, organización y ejecución de las asambleas de la federación, y la firma de las actas correspondientes.
- También se reunirá para decisiones de urgencia que no puedan esperar la convocación de una asamblea. Tales decisiones deben ser puestas a consideración de la próxima asamblea.
Según el estatuto de la Federación Regional Indígena del Chaco Central, esta organizará acciones con miras de coordinar, entre sus comunidades asociadas, sus programas sociales. Estos programas sociales pueden ser:
- Intercambio continuo de informaciones,
- Evaluaciones conjuntas de proyectos realizados,
- Educación y capacitación de la juventud,
- Mejoramiento de los servicios de salud,
- Obtención de documentos personales,
- Promoción de los servicios de orden público, y otros más.
Entre los objetivos sociales de la federación se encuentra la defensa mancomunada contra males sociales que surjan en las comunidades asociadas, analizando las situaciones y ofreciendo apoyo logístico.
La federación se entiende como portavoz de las comunidades hacia las afueras y fomenta las relaciones con el gobierno y con organizaciones no gubernamentales. En la vida pública, la FRICC se ocupa de la tenencia de tierras, capacitación para jóvenes y del orden público en sus comunidades. En el intercambio entre las comunidades se busca caminos comunes para un desarrollo social y económico adaptado a la cultura indígena.
Guaraní
Los Guaraní Occidentales
Los Guaraní Occidentales pertenecen a aquellos grupos de Guaraníes que hace 500 años migraron desde la zona del Río Apa, Paraguay Oriental, hacia la región sub-andina de Bolivia, que hoy se extiende entre Santa Cruz, Tarija y Yacuiba. Históricamente se les identifica como un pueblo guerrero, que en varias expediciones y migraciones, cruzaron el Chaco para conquistar “la tierra sin mal”. Se llegó a conocer como Chiriguanos.
Fuera de su tradición guerrera, los Guaraní, o Chiriguanos, impactaron en la zona con su exitosa agricultura. Cultivaban diferentes variedades de maíz, batatas, porotos, algodón, tabaco, tuna, sorgo, mandioca. Para guardar las cosechas, solían construir elaborados galpones. Practicaban el trabajo colectivo, oñopytyö, por el cual todos juntos se turnaban para trabajar en la chacra de un dueño, quien en este día era el responsable para proveer de comida y bebida a todo el grupo.
A diferencia de otras etnias chaqueñas, los Guaraní Occidentales se organizaban en grupos de parentesco patrilineares. Estos grupos locales contaban con jefes políticos que tenían la función de jueces y líderes guerreros. Varias comunidades juntas solían obedecer el mando de un jefe supremo, tuvicharuvicha. La tradición tribal recuerda a tales jefes como Manepóräi y Apiaguaiqui, e incluso a mujeres líderes como a Vuáyruyi. Los líderes tenían que ser personas que resaltaban por su buen razonamiento y su hablar en forma convincente. Eran personas trabajadores como los demás y generosos en su trato económico, pero demandaban la obediencia de los miembros del grupo.
Cuando el ejército paraguayo, en 1934 entró en territorios habitados por los Guaraníes Occidentales, se había formado amistades con algunos grupos de la etnia, quienes después emigraron al Chaco paraguayo. Habían esperado recibir abundantes tierras agrícolas; sin embargo, este compromiso de sus nuevos amigos paraguayos se hizo esperar. Hoy en día, un grupo volvió a disfrutar de una vida agraria en Pedro P. Peña, y otro grupo se estableció sobre tierras propias en Machareti, zona Laguna Negra. Otros grupos están participando como profesionales en el mercado de trabajo como albañiles, chóferes, alambradores, estancieros y otras profesiones.
La construcción de la identidad étnica de los Guaraní Occidentales en el Paraguay ha sido influenciado por una serie de factores aculturativos. El uso del idioma Guaraní hizo que automáticamente se estableciera un lazo de identificación entre esta etnia y la sociedad paraguaya. Pertenecer a la religión católica también les sirvió para su aceptación por parte de la población mayoritaria de este país. Mediante una prolongada convivencia con el establecimiento militar, los Guaraní Occidentales obtuvieron un reconocimiento oficial como ciudadanos, antes de que esto les fuera concedido a otros grupos étnicos. También aspiraron la educación formal, logrando una escolaridad bien por encima del promedio chaqueño.
Los Guaraní Ñandeva
Cuenta la tradición oral de los Guaraní Ñandeva que la zona del Chaco, donde hoy corre la frontera entre Paraguay y Bolivia, en tiempos remotos era más húmeda y que en aquel entonces fue poblada por numerosas aldeas Ñandeva. Sin embargo, según el anciano Mboreví Resá, se empeoraba siempre más el clima, hasta que las sequías comenzaron a convertir en parameras lo que antes eran tierras con rica vegetación y abundante fauna. Por fin los campos y los montes se incendiaron y llegaron a secar las últimas aguadas de la región.
En estos tiempos difíciles, los antiguos Ñandeva habían sido forzados a desplazarse más y más hacia el Oeste, para buscar una relación económica con los Chiriguanos. Empezaron a trabajar en sus chacras, y fueron pagados en granos de maíz. Esto no impedió que siguieran con la caza y recolección en su antiguo hábitat, donde transmigraron en ciertas épocas del año. Sin embargo, la extendida interrelación con los Guaraní Occidentales había dejado su impresión sobre la cultura de los Ñandeva: habían adoptado el idioma Guaraní y habían incorporado conocimientos económicos nuevos con relación a la producción agrícola, cerámica y la tejeduría.
Se agrupaban en familias extensas, y era costumbre que al casarse, el yerno se iba a vivir y trabajar con sus suegros. Los grupos contaban con jefes, mburuvícha, quienes solían ser las personas con más coraje, bondad, generosidad y habilidad de negociar. Era su función de intermediar en conflictos internos del grupo, y de representar al grupo frente a personas externas.
Los Ñandeva, en sus transmigraciones posteriores, volvieron a dar prueba de ser chaqueños de cultura. En los años después de la Guerra del Chaco, cuando escaseaban los recursos de sus cazadores ancestrales, buscaron la “dependencia benévola” primero con los fortines militares, después con patrones germano-paraguayos, y últimamente con las instituciones gubernamentales.
En su proceso de construcción de la identidad étnica, los Guaraní Ñandeva, igual como sus vecinos Guaraní Occidentales, aspiran el reconocimiento como “ciudadanos”, con todos los derechos garantizados en la legislación nacional. En las últimas décadas han logrado asegurar una importante superficie de tierras, de manera que la gran mayoría ya cuenta con una base autónoma de operaciones. Mientras que se experimenta todavía con la base de subsistencia, que se compone de changa, agricultura y ganadería, los Ñandeva esperan la solidaridad de las organizaciones gubernamentales y no-gubernamentales. También en este sentido están experimentando con técnicas que puedan habilitar el acceso a bienes y servicios del sector pudiente. La participación política ha sido uno de los canales probados.
A fines del siglo XIX, en el Chaco paraguayo vivían tres familias lingüísticas con diez grupos tribales, también llamados etnias. La parte central del Chaco Paraguayo ocupaban los grupos de los Maskoy, subdivididos en Lengua, Toba, Sanapaná, Angaité y Guaná. Hacia el sur de los Maskoy vivía la familia de los Mataco con las subdivisiones Nivaclé, Choroti y Macá. En la parte norte del Chaco vivían dos grupos de la familia Zamuco: los Chamacoco y los Ayoreo. Todos los pueblos vivían de la caza y de la cosecha del monte, razón por la cual se mudaban regularmente de un lugar a otro en busca de fuentes de subsistencia.
En los años 1927 y 1930, los primeros grupos de agricultores del exterior llegaron al Chaco paraguayo, pertenecientes a la fe evangélica menonita (´Quiénes son los menonitas? Haz clic aquí para conocer la fé de los menonitas.). Ellos buscaron un lugar alejado para salvar sus propias tradiciones y para desarrollar una nueva vida basada en la agricultura. Se radicaron en tierras compradas de la empresa argentina Carlos Casado.
A través de los contactos de los colonos con los nativos se originó la motivación para predicar el evangelio a los indígenas. La Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay irrumpió el aislamiento voluntario de los colonos y alejó a los pueblos indígenas de los establecimientos agrícolas. Posteriormente a la guerra, los indígenas regresaron y solicitaron la ayuda de los agricultores para asentarse y dejar la vida nómada.
El Consejo Superior de Iglesias de los colonos agricultores presentó entonces una solicitud al Gobierno paraguayo, en la cual informó sobre las intenciones y los objetivos del plan misionero, solicitando la autorización gubernamental. El Gobierno respondió favorablemente, dando lugar así a la fundación de la asociación misionera con el nombre "Luz a los Indígenas" el 17 de setiembre de 1935. Los primeros estatutos fijaron cuatro objetivos:
- Enseñar a los indígenas la doctrina cristiana de acuerdo a las Santas Escrituras.
- Facilitar enseñanza a los niños y promover una ética cristiana entre los adultos.
- Fomentar la salud de los indígenas.
- Capacitación económica y asentamiento agrícola, para integrar a los indígenas en la vida nacional.
En el lugar hoy conocido como Yalve Sanga, se construyó en el año 1936 un puesto misionero. Paulatinamente surgieron los primeros servicios como dispensario médico, una chacra que ofrecía empleo y una escuela para niños. Paralelamente, se estaba desarrollando una ganadería comunal, aprovechando así los campos abiertos en los alrededores del puesto misionero. El trabajo común tenía como propósito tanto la provisión de trabajo a los indígenas como también la facilitación de permanencia en un lugar.
10 años más tarde entró la primera solicitud de los pueblos indígenas por la organización de su vida en tierra propia. Con base a esta solicitud empezó un proyecto mayor de colonización. Se logró involucrar al Comité Central Menonita de América del Norte (MCC) para el co-financiamiento. El comité de asesoramiento indígena, a su vez tenía como misión la compra de tierras con financiamiento mayoritariamente de organizaciones internacionales para asentar a pueblos indígenas. Aseguró un total de 190.000 hectáreas de tierra para los indígenas y ayudó en la fundación de 21 comunidades.
El MCC solicitó la formación de una administración central para guiar el proyecto de colonización. Las iglesias y las administraciones civiles de las tres colonias germano-menonitas unieron sus esfuerzos y acordaron en 1961 un "plan de organización para ayuda económica, social y cultural para los indígenas en el área de las colonias menonitas chaqueñas". Este sistema de cooperación interétnico, después de haber sido reglamentado en un estatuto en 1970, enmendado en 1976, llegó a ser conocido bajo la denominación "Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Mennonita" (ASCIM). La entidad con su nombre, el objeto, sus fines y las demás circunstancias fue reconocida con la personería jurídica por Decreto N° 37.174 del Poder Ejecutivo el 10 de febrero de 1978.
Según sus estatutos originarios, el objetivo general de la Asociación de Servicios de Cooperación Indígena Mennonita fue "prestar servicios de desarrollo, para que las familias indígenas alcancen un nivel económico que les asegure contra la amenaza del hambre, enfermedades y marginalidad".
La Ley N° 904/81 abrió el marco para la organización administrativa de las comunidades indígenas quienes desde entonces pueden recibir la personería jurídica (Art.11). Después de haber sido reconocida, la ASCIM pasó a transferir los títulos de propiedad de la tierra a las comunidades establecidas, sin costo alguno para las comunidades según lo establecido en el Artículo 17. El enfoque de cooperación se cambió al asesoramiento de las comunidades fundadas para que adquieran habilidades de producir en la tierra recibida.
En el 2016, previo análisis y planificación, se dio un direccionamiento nuevo, poniendo el enfoque en la autonomía de las comunidades indígenas.
Indígenas del Chaco
A fines del siglo XIX el Chaco paraguayo fue hogar solamente de los indígenas. En aquel entonces vivían aquí tres familias lingüísticas con diez grupos tribales, también llamados etnias. La parte central del Chaco Paraguayo ocupaban los grupos de los Maskoy. Estos se subdividían en Lengua, Toba, Sanapaná, Angaité y Guaná, todos dialectos de origen lingüístico común. Hacia el sur de los Maskoy, entrando en el Chaco Argentino, vivía la familia de los Mataco, de los cuales tres grupos vivían al norte del Río Pilcomayo: los Nivaclé, los Choroti y los Macá. La parte del Chaco norteño pertenecía a dos grupos de la familia Zamuco, los Chamacoco y los Ayoreo (también llamados Moro).
Descendientes de los Guaraní Orientales vinieron después de la Guerra del Chaco para asentarse en las cercanías de Mariscal Estigarribia y en la Colonia Fernheim. Desde 1936 vinieron grupos Nivaclé periódicamente a la colonia para desempeñarse en la cosecha. Con el tiempo decidieron quedarse a vivir aquí. Les siguieron otros grupos menores de la familia Maskoy del Este y más tarde también los Ayoreo del Norte. Así el Chaco paraguayo se transformó en una patria para una multitud de grupos étnicos con sus diferentes matices culturales.


